A veces de una gran sonrisa y una rutina normal, se esconde una gran tristeza, y una respuesta “estoy bien”. Muchas veces, detrás de la unión de estas dos palabras, puede esconderse una realidad muy distinta, a lo que expresa.
De acuerdo con la psicóloga clínica Perla Massiel Sosa, esta respuesta suele convertirse en una reacción automática que muchas personas utilizan para evitar profundizar en emociones difíciles, proteger su privacidad o mantener una imagen de fortaleza frente a los demás.
«Muchas veces es una respuesta automática aprendida para evitar profundizar en emociones difíciles, proteger su privacidad o mantener una imagen de fortaleza o de no debilidad», explica la especialista.
Aunque parezca una expresión inofensiva, el hábito de responder «estoy bien» cuando en realidad se experimentan emociones como tristeza, miedo, frustración o ansiedad puede convertirse en una forma de evitación emocional.
La psicóloga señaló que, en muchos casos, esta conducta funciona como un mecanismo de defensa aprendido a lo largo de la vida. Esto ocurre especialmente cuando durante la infancia la expresión emocional fue desalentada, ignorada o generó experiencias negativas.
«Cuando expresar emociones en nuestra historia de vida fue desalentado o asociado con experiencias desagradables, tendemos a evitar hacerlo porque lo relacionamos con malestar», indicó, la especialista reconocida por la Organización Internacional para la Capacitación e Investigación Médica (IOCIM).
Sin embargo, ignorar las emociones no significa que desaparezcan. Por el contrario, estas pueden acumularse y manifestarse de diferentes maneras. Según la doctora Sosa, cuando una persona evita constantemente reconocer lo que siente, puede experimentar mayores niveles de estrés, irritabilidad, ansiedad, agotamiento emocional e incluso síntomas físicos.
La especialista destaca que reconocer, nombrar y atravesar las emociones constituye una parte fundamental de una regulación emocional saludable. Cuando las emociones son identificadas y procesadas adecuadamente, “es una parte importante de una regulación emocional saludable”.
Detrás de la dificultad para expresar malestar emocional suelen existir diversos factores. Entre ellos, la doctora mencionó entornos familiares donde mostrar emociones era considerado una señal de debilidad, experiencias de crítica o invalidación emocional, modelos parentales poco expresivos y creencias culturales que exaltan la autosuficiencia extrema o la fortaleza constante.
Asimismo, experiencias traumáticas o situaciones en las que mostrar vulnerabilidad tuvo consecuencias negativas, pueden llevar a las personas a desarrollar el hábito de ocultar lo que sienten como una forma de protección.
Frente a esta realidad, recomendó desarrollar estrategias que permitan una mayor conexión con el mundo emocional, como: llevar diarios emocionales, sustituir el “estoy bien” por respuestas más precisas, como “me siento cansado”, “estoy preocupado” o “necesito pensar cómo me siento”, practicar la atención plena, ampliar el vocabulario emocional para diferenciar mejor los estados internos, practicar la expresión gradual de emociones con personas de confianza, trabajar en terapia los temores asociados a la vulnerabilidad y las experiencias que llevaron a ocultar las emociones.
Aunque vivimos en una sociedad donde se premia la fortaleza y la productividad, es necesario aprender a reconocer y expresar las emociones, pues, este es el primer paso hacia una mejor salud emocional y un mayor bienestar psicológico.