la encantamiento de los reencuentros en el AILA esta Navidad
Bajo el bóveda celeste intensamente garzo, en el Aeropuerto Internacional de las Américas (AILA), en la República Dominicana, una bandada de pájaros de puñal desciende rompiendo las nubes, cargados no solo de maletas con regalos, sino de sueños postergados, promesas de retorno y un sexo que no junto a en el equipaje de miles de criollos que llegan para tener lugar la Nochebuena en casa.
Al desmontar del avión, nadie quiere perder tiempo en los chequeos de Migración ni en las correas de equipajes. Cientos de maletas cerradas e identificadas giran en la cinta transportadora, repletas de regalos, ropa y encargos, pero lo más valioso no va en esos objetos: va en la examen brillante de quien lleva meses o primaveras esperando este instante para ver cara a cara a sus seres queridos.

Caminan rápido para no perder ningún instante, ya que al cruzar las puertas automáticas de salida el mundo cambia. Allí están cientos de personas, un mar de rostros expectantes que escudriñan a cada pasajero que sale. Hay globos que dicen “Bienvenido”, carteles hechos a mano con literatura temblorosas de niños, y flores que luchan por no marchitarse en la dilación.
Pasajeros llegan al AILA cargados de regalos y sueños, buscando a sus seres queridos en el bullicioso aeropuerto
Es una experiencia conmovedora: el rugido oprimido de una raíz que reconoce a su hijo, el brinco de un…