¿Por qué mataron a Rolando Florián Féliz (El Rey de Najayo)? Sigue siendo una pregunta recurrente 17 años después del hecho, pero, al parecer, el motivo es una verdad que se fue con él, el 19 de mayo de 2009, fecha en que su cuerpo fue sepultado como un héroe en su natal Barahona.
Florián Féliz fue toda una leyenda en el mundo de las drogas, a pesar de que no fue el narcotraficante más grande que ha tenido la República Dominicana.
“Antes de mí hay otros que yo ni siquiera les puedo amarrar los cordones”, acostumbraba decir en comentarios al margen que sostenía con los periodistas durante las horas de recesos de las audiencias de su caso.
Sin embargo, para las autoridades era el más grande, sangriento y temido en el bajo mundo de los narcóticos, hasta el punto de que fue capaz de amenazar a un juez en plena audiencia.
Puede leer: Psiquiatra sugiere que Redondo Llenas abandone el país tras su libertad
Las autoridades, incluso, lo acusaban de ser propietario de una compañía marítima con barcos “comerciales” que utilizaba para el transporte de drogas.

Aunque era señalado desde 1994 como el narcotraficante más buscado por las autoridades, no fue hasta junio de 1996 cuando se produjo su arresto.
Su persecución inició, específicamente, en septiembre de 1994, tras el decomiso de 953 kilos de cocaína a bordo del barco «Fénix» en las costas de Pedernales. Logró evadir la justicia en ese momento, convirtiéndose en el prófugo más buscado del país. Su captura se produjo en 1996, tras permanecer dos años en la clandestinidad y moviéndose entre varios países (se dice que incluso estuvo en Panamá); fue finalmente arrestado el 8 de junio de 1996.
Su apresamiento se produjo en una zona residencial de Santo Domingo, tras un operativo de seguimiento por parte de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD).
A partir de ese arresto, permaneció en prisión en la cárcel de Monte Plata y, posteriormente, en Najayo, hasta el día de su muerte, el 16 de mayo de 2009. Curiosamente, aunque fue condenado por los hechos de 1994, su tiempo en prisión se cuenta desde aquel operativo de 1996.
Murió la madrugada del 16 de mayo de 2009 en el Hospital Marcelino Vélez Santana de Herrera, tras haber sido herido de siete balazos en el pecho, el abdomen y los brazos por un capitán de la Policía que resultó herido a cuchilladas durante un confuso incidente en la cárcel de Najayo, San Cristóbal.
CONFESIONES INÉDITAS
Aunque no solía hablar en las audiencias, e incluso se dormía durante su desarrollo, era muy conversador con los periodistas durante las horas de descanso.
Decía que no era cierto que fuera el narcotraficante más grande que había en la República Dominicana y que antes que él había otros a quienes él ni siquiera era capaz de inclinarse a amarrarles los cordones de los zapatos.
El tiempo le concedió la razón. Resultó que después surgieron nombres de otros, como Ernesto Quirino Paulino, César el Abusador, César Figueroa Agosto, Ramón Antonio del Rosario Puente (Toño Leña) y otros tantos, procesados y extraditados por traficar toneladas de cocaína, cantidades muy superiores a los 953 kilos que le atribuyeron a Florián Féliz.
Contaba que el cargamento de los 953 kilos de cocaína incautado a bordo del barco «Fénix» no era de él, sino de un exjefe de la DNCD.
Decía que, incluso, ese exjefe de la DNCD lo protegió en una villa de Juan Dolio, cuando era activamente “perseguido” por las autoridades.
Explicaba que esa era la razón por la cual duró más de dos años en la clandestinidad, lo que llevó a los medios de comunicación a tildarlo como el narco más buscado de la época.
Narraba que su apresamiento obedeció a un carro Mercedes Benz que le había regalado a una de sus esposas, el cual le fue incautado durante la ocupación del cargamento de los 953 kilos de cocaína en Pedernales.
Aseguraba que, para él, ese vehículo tenía un valor sentimental muy significativo, puesto que era un regalo que le había hecho a su esposa, la cual fue procesada junto con él.
Contaba que dicho vehículo era utilizado por un exdirector de operaciones de la DNCD, y que le había dicho que no lo usara, que podía utilizar los demás, pero que este no hacía caso.
Sostenía que en una ocasión lo encontró con el carro en un parqueo de un supermercado y que le recordó que le había advertido que no lo utilizara, por lo que procedió a golpearlo en la cabeza con una pistola.
Desde ese entonces (según su historia) dejó de ser el hombre más buscado por las autoridades, puesto que fue apresado al otro día, terminando así con la promesa que, según él, le hicieron.
A pesar de no ser el más grande entre los narcotraficantes, se convirtió en el más famoso, sangriento y temido de la historia del bajo mundo de las drogas en la República Dominicana.
LA CÁRCEL ESPECIAL
Su poderío era de tal magnitud que fue necesario construirle una cárcel especial con seguridad extrema en el recinto de Monte Plata. Se trató de algo así como una cárcel dentro de la cárcel, con la finalidad de evitar que escapara.
Aunque se vendió como una celda de castigo y máxima seguridad, las investigaciones posteriores revelaron que el espacio contaba con lujos impensables para un recluso común: aire acondicionado tipo split, televisión por cable, equipos de sonido, mobiliario de calidad y un pequeño espacio para recibir visitas privadas fuera de los horarios permitidos.
La versión de la seguridad extrema: la celda tenía un sistema de doble o triple candado/cerradura. La regla establecida era que ninguna persona por sí sola tuviera acceso total. Para abrir la celda, debían coincidir simultáneamente varios oficiales de distintos rangos o departamentos (por ejemplo, el alcaide, el jefe de seguridad y un oficial de guardia). Esto se hacía para evitar que Florián Féliz pudiera sobornar a un solo guardia para que le abriera la puerta.
Sin embargo, esto no impidió que desde ella planificara acciones extracarcelarias, entre ellas, incluso, la construcción —desde afuera hacia dentro— de un túnel para escapar.
Desde ese lugar, según las autoridades, planificó la muerte de Víctor Augusto Féliz Matos, hijo del exsenador por la provincia de Barahona, Augusto Féliz Matos.
Aunque su desaparición se produjo el 18 de septiembre de 2002 (cuando fue interceptado en el sector de Honduras, en Santo Domingo, mientras conducía su jeepeta), las investigaciones determinaron que fue ejecutado tres días después de su captura, a pesar de que las negociaciones por el rescate aún estaban en curso.
Fue encontrado torturado y se dice que el hecho obedeció a una deuda por drogas que tenía con Florián Féliz, de quien era pariente.
SU MUERTE
Su muerte dejó una serie de dudas y preguntas sin respuestas que se mantienen 17 años después. ¿Se trató de un simple pleito con un oficial de la Policía o lo mandaron a matar? Son dos preguntas que todavía no tienen respuestas.
La versión de que se trató de un pleito que sostuvo con un oficial de la Policía es algo que todavía genera dudas, puesto que era de todos sabido que mantenía una seria enemistad con un exjefe de la DNCD, de quien decía era el propietario del cargamento de cocaína incautado a bordo del barco «Fénix».
La versión oficial es que murió a balazos la noche del 16 de mayo de 2009, durante un confuso incidente que sostuvo con un oficial de la cárcel de Najayo, San Cristóbal.
El altercado comenzó alrededor de las 9:00 de la noche de ese día, cuando el oficial de turno, el teniente coronel José Pulinario Rodríguez, acudió a la celda de Florián Féliz para ordenarle que dos jóvenes mujeres que lo visitaban debían abandonar el recinto, ya que el horario de visitas había expirado hacía horas.
Florián Féliz, quien gozaba de privilegios excesivos en su celda (que incluían aire acondicionado, televisor y visitas prolongadas), se negó rotundamente a que las mujeres se marcharan.
La situación escaló rápidamente. Según el informe de la comisión investigadora, Florián Féliz salió de su celda armado con un cuchillo (un puñal de unas 10 pulgadas) e intentó agredir al coronel Pulinario, logrando herirlo levemente en la cara y el cuello.
Ante la agresión, los agentes que acompañaban al coronel y la seguridad del penal respondieron disparando. Florián recibió al menos siete impactos de bala (algunos reportes indican ocho) en distintas partes del cuerpo, principalmente en el área abdominal y las piernas.
A pesar de la gravedad de sus heridas, hubo una tardanza crítica en trasladarlo a un hospital. Fue llevado primero a la enfermería del penal y luego al Hospital Juan Pablo Pina, en San Cristóbal. Murió cerca de la medianoche mientras recibía atenciones médicas.
Investigación posterior: La comisión designada por la Procuraduría General concluyó que los agentes actuaron en “defensa propia”, aunque se cuestionó severamente cómo el interno tenía armas blancas en su celda y por qué se le permitían tantas libertades.
Este evento marcó un antes y un después en la administración penitenciaria del país, acelerando la implementación del Nuevo Modelo de Gestión Penitenciaria para intentar eliminar el control que los capos mantenían desde las cárceles.