Aunque en ocasiones las comisiones de la Cámara de Diputados suelen actuar con mucha prisa, en otras suelen tomarse su tiempo. Es el caso del proyecto para la reforma de la Policía, sobre el cual la comisión apoderada ha esperado el último momento para rendir su informe.
La pieza, que cuenta con 342 artículos, ya fue aprobada por el Senado con la modificación de 60 acápites.
Si la comisión no cumple con su informe, sea por falta de tiempo o simple desidia, la Cámara de Diputados tendrá que apelar a alguna fórmula para decidir la suerte del proyecto antes del próximo domingo, cuando vence la legislatura.
Sería una vergüenza que el proyecto perima otra vez por razones que en la calle se relacionan con presiones de sectores contrarios a la reforma policial.
La pieza que se ha presentado contempla la reducción a 20 generales, la especialización del servicio de patrullaje, regulación de los ascensos y sanciones a los agentes que incurran en abusos.
La reforma, que necesitará voluntad para aplicarse, no es más que un importante paso en el largo proceso para transformar y profesionalizar el cuerpo policial.
Los diputados no deberían permitir que el proyecto vuelva a perimir en sus manos.