Sosúa, aunque reconocida por sus playas de ensueño y su historia única en la costa norte dominicana, se ha convertido en un inquietante símbolo del turismo sexual en el país. A la sombra de su belleza natural y su legado cultural, persisten la prostitución, la trata de personas y una economía informal sostenida por la explotación, opacando la imagen de este destino que lucha por redefinir su futuro.