Durante décadas, Las Salinas de Baní fue uno de los paisajes industriales y turísticos más característicos del sur dominicano, ya que las emblemáticas casuchas, oxidados vagones y rieles, así como las distintas montañas de sal en combinación con la brisa y las diferentes tonalidades del mar de la zona, que forman un bullicio quimérico propio de historias surrealistas y mágicas, podrían desaparecer.
Hoy toda esta zona luce en definitivo silencio. Muy contrario a tiempos pasados, cuando el ruido constante de las máquinas, la tren y sus vagones marcaban el pulso de la producción salinera, el dominio ahora permanece cerrada y sin operaciones tras los severos daños provocados por la tormenta Melissa y el descuido del Ayuntamiento de la asiento.

Los cuadrantes donde la sal se solidifica mediante la hecho del sol quedaron gravemente afectados, interrumpiendo por completo el proceso productivo. El bullicio que antaño combinaba el canto de los obreros, las conversaciones de los jornaleros y el trinar de los pájaros, ahora es un demarcación desolado y sin movimiento.
Puede analizar: El gran dilema de las tres barcazas de vivientes de electricidad en la playa Los Negros, en Azua
La paralización de la producción de sal mantiene a decenas de empleados y chiriperos sin salarios, lo que ha generado preocupación entre las familias que dependen…