BBC.- En República Dominicana hay un rincón escondido con playas de arena blanca, corales y aguas color turquesa. Cabo Rojo, en Pedernales, una de las provincias más pobres del país, está en el epicentro de un plan turístico que pretende crear un nuevo polo de afecto marginal a los megaresorts de Punta Cana impulsado con inversión pública y privada.
Unas 34.000 personas viven en esta remota provincia ubicada en el suroeste de la isla, puntual en la frontera con Haití, a la cual se puede ganar por tierra siguiendo un camino de ocho horas desde Santo Domingo, la haber.
El atractivo natural de la zona no reside nada más en sus playas. La anciano parte de Pedernales fue declarada Reserva de la Biósfera por la Unesco y sus parques nacionales son el hogar de bosques secos tropicales, lagunas, manglares y humedales.
Esa es la provincia donde el gobierno de Luis Abinader está impulsando un megaproyecto turístico que, según proyecciones oficiales, podría estar completamente desarrollado en dos décadas.
El codicioso plan tiene prevista la construcción de una especie de miniciudad dedicada al turismo en tres fases.

La primera, incluye la creación de toda la infraestructura pública de servicios comprometida por el gobierno (sistemas de electrificación, agua potable, casa recoleta de aguas residuales, caminos, puerto de cruceros y un aeropuerto internacional) y la construcción de hoteles con inversión privada.
Pasados…